martes, 22 de noviembre de 2011

Santos y Angelino

Quienes hemos apoyado a Santos desde que demostró que no iba a seguir los desastrosos derroteros del antecesor, ahora, cumplido ya el primer año de gobierno, empezamos a notar signos intranquilizadores. Uno de ellos es su habladera sobre todo y por todo. A veces opina sobre verdaderas tonterías. Eso le resta seriedad.

El asunto Angelino es también algo bastante molesto. Santos se equivocó al elegirlo como su fórmula vicepresidencial, tal vez deseando congraciarse con la clase obrera y meterle populismo a su campaña. Por inculto e indiscreto, a este curioso y pintoresco bocón habría que ponerle silenciador, pues siempre está alborotando avisperos por todas partes y diciendo públicamente lo que bien podría tratar en privado. Engallado, se ha atrevido incluso a disentir del presidente, aduciendo que nadie lo callará. Y lo que es peor aún por su descaro manifiesto, ha hablado de su votación, que, en realidad, fue la de Santos, no la suya, ya que después del paso por la administración del Valle salió bastante mal parado, como lo atestiguan algunos columnistas de la región.

Ahora, tal vez por sacarse de encima al importuno, Santos está intrigando por hacerlo nombrar en la OIT. Pero el avivato, que quiere pan y pedazo y más debajo del brazo, salió a decir que no por eso dejará la vicepresidencia. O sea que seguirá ahí hasta que San Juan agache el dedo.

Estas intemperancias resultan muy inconvenientes, ponen en entredicho la seriedad y la autoridad de Santos y comprueban, ya en un plano graciosamente folclórico, que en materias relevantes no deben juntarse cachacos y arrancayucas o consumidores de caviar y chunchurria.

Pero lo más desatinado de Santos fue la idea del hotel en el Parque Tayrona, en buena hora reversada. De no haber sido así esto hubiera arrasado tarde o temprano con las reservas medioambientales y desterrado a los aborígenes, con quienes tanta amistad simula. Era una barbaridad absoluta con unos beneficiarios previsibles, entre los cuales no eran descartables los ricachos de Santa Marta involucrados en lo del AIS. Después,  posiblemente, irrumpiría también Bessudo, experto comediante interpretando el libreto de “Hoteles-medio ambiente, basurero feliz”.

Santos debe saber que, de ninguna manera, deberá revivir las faenas del octenio purulento. A propósito, ¿estará vigilando que la lluvia heredada de contratos mineros no siga depredando la naturaleza y arruinando el futuro de la nación?

Broche

Ciertos viudos del régimen anterior insisten en que hay que agradecerle lo del TLC. ¿Será por las magníficas autopistas que dejó?  Las horribles trochas de Andrés Uriel son una deshonra para cualquier gobierno. Y, obvio, sin vías apropiadas los únicos beneficiados del tratado serán los gringos.
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